Manejo un transporte público. Estoy sentado muchas horas -a veces más, a veces menos- en un aparato grandote que hace ruidos y que a veces parece que se adueña de los controles de mando y me hace hacer cosas que no se si es que las hago yo, somnoliento y cansado o es la fuerza interior y posesiva de la máquina. Un rugir de su neurosis y sus ansias de arrastrar a todo ser viviente de esta ciudad a un mundo caótico y de extremos ásperos.
Una tarde de sábado, sube un pibe alto, cara de bueno y rubio. Los cara de bueno me exasperan. Y en lo que más tarde identifico como sueños en estado de despierto, me habla y sostenemos un diálogo que he dado en llamar:
Mi charla imaginaria con un pasajero
Me ve venir, soy el tres catorce. Me hace señas y se pone a buscar monedas. Ve que no tengo intención alguna de parar, me hace señas de nuevo y se me tira adelante. Freno. Se sube con una mirada de reproche y yo, sin sorprenderme, le devuelvo una furiosa.
Pasajero - Setenta y cinco.
Yo - ¿Hasta dónde vas?
Pasajero - ¿Qué carajo te importa? Te dije Setenta y cinco
Yo - ¡¿A-dónde-vas?!
Pasajero - Club Banade.
Yo - Un peso.
Pasajero - ¡Robo! ¡¿Por qué esta línea siempre se da el lujo de robarme plata?!
Yo - Es lo que hay. Me hubieras dejado seguir de largo y tomado el de atrás.
Pasajero - (Poniendo las monedas) ¡Maldito! Ojalá reciba lo que merece...
Yo (pensativo) - ...es cierto, pero ya soy colectivero. Bueno, ojalá me sirva de lección.
________________________________________
Basado en un cuento de Eduz.
29 de agosto de 2007.
http://fronmnop.blogspot.com/2007/08/mi-charla-imaginaria-con-un-colectivero.html
..............................................................
No hay comentarios.:
Publicar un comentario