Corría el año 1991 y tenía 26 años. Ya había pintado las paredes de blanco y estaba listo para mudarme. Mientras tanto, y después que llegué de un largo viaje en Brasil, me estaba quedando en el hostal Alaska de mi amigo Marcelo.

Me fui hasta la cama de Liliana que dormía muy profundo. Traté de despertarla, la cacheteé, la sacudí bien y después de unos minutos se empezó a despertar muy de a poco. Estaba despierta pero no respondía, así que la levanté y casi que la arrastré hasta la ventana. La apoyé sobre la mesada y, como todavía estaba débil, me caí. Le llevó un rato a Liliana recuperarse. Mientras se iba despertando movía los brazos cruzándolos sobre el pecho, quien sabe que reacción muscular se habrá disparado.
La estufa no tenía toma de aire del exterior. Quemaba oxígeno y llenaba el ambiente de dióxido de carbono que es tóxico y nosotros lo habíamos estado respirando por unas horas.
En los años siguientes presté especial atención a las noticias, mucha gente moría en estas circunstancias. Una vez leí una historia en el diario en la que una familia completa se había muerto por inhalación de dióxido de carbono en una casa de alquiler de turismo en Bariloche. Uno de los muertos estaba en la bañera. Se habrá despertado, logró llegar hasta el baño pero se habrá caído con el esfuerzo y ya no tuvo fuerzas para levantarse. Que yo me haya despertado y levantado fue no solamente inusual en mí, también lo fue que haya sido justo antes de perder totalmente las fuerzas para moverme.
Lo que nos pasó en esa casa no era poco común en días de frío en Bariloche. Cada tanto aparecían noticias que contaban historias parecidas pero, si llegan a los titulares –en Bariloche o en cualquier otro lado- es porque el desenlace fue, literalmente, fatal.
A la mañana siguiente me fui a trabajar con mucho dolor de cabeza y Liliana sin saber a quién llamar o qué hacer, se fue a Gas del Estado, la empresa gubernamental encargada de la provisión de gas. Parece que había un antecedente, según le comentaron: alguien había muerto en ese mismo departamento en circunstancias similares pero no tuvimos ninguna precisión sobre esa historia. La repartición del gobierno actuó bien; cortaron el gas y no lo habilitaron hasta que un gasista certificado instaló la estufa que correspondía a las dimensiones del departamento. Una de "tiro balanceado". Es decir, toma oxigeno del exterior y suelta los gases producto de la combustion al exterior, también. Antes de restablecer el servicio, pusieron un aparato para medir la presión por 24 horas en la línea para asegurarse que no hubiera pérdidas.
Por supuesto, los dueños tuvieron que pagar la reconexión y se molestaron bastante porque recurrimos a Gas del Estado.
Lo que me contó Olga:
Cuando Olga entró en el departamento notó que hacía mucho calor y vio a la mujer acostada en la cama con mucha paz en la cara y un poco de espuma que le salía de la boca. Estaba muerta, se dio cuenta enseguida.
En estas historias de envenenamiento con dióxido de carbono que aparecen en los diarios o que relatan en la radio, la gente no se despierta. Se van a acostar y se duermen, y se mueren cómodos y calentitos. Todo eso, sumado al sopor del envenenamiento, los mantiene en plácido relax. Y así, durmiendo, se mueren.
Si me pongo fantasioso y me dejo influir por libros y películas, podría hablar de una cantidad de ocurrencias relacionadas con lo fantástico. Seguramente que para alguien más crédulo o menos incrédulo que yo, sería la oportunidad perfecta para atribuirle el fenómeno al espíritu de mi padre velando por mi seguridad, a un ángel de la guarda o a alguna capacidad mental extraordinaria de prevenir o actuar en caso de extremo peligro. De hecho, más de una vez cuando cuento esta historia, me han asegurado que sin duda alguna se trata de algo de lo mencionado antes.
Los dueños del departamento tuvieron que cambiar la estufa. Le pusieron un tiro balanceado, de esas que toman el oxígeno por un caño y largan el dióxido de carbono por otro, supuestamente liberando calor antes al ambiente. Tuve que esperar hasta que la estufa estuviera instalada y que la empresa Gas del Estado habilitara la conexión de gas para finalmente empezar a habitar el viejo garage.