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Es grandote y feo, puro humo oscuro. Lo vi venir pero no creí que se me metiera tan adentro.
Fue de a poco, sin que me diera cuenta. Las
flores del jardín se pusieron negras y se oscureció el cielo. El sol ya casi no
sale.
Me despierto y me lo encuentro ahí, me
está esperando para rodearme de angustias y dolores. Se agranda y ocupa todo el
espacio cuando no miro. Se mete en la ducha, pareciera que con el agua caliente
toma fuerza y me tensa los músculos.
Se me mete en los ojos, se me irritan y
respiro rápido como si así me lo fuera a sacar de adentro.
Me sigue para atacarme de repente, cada tanto
se le da por recordarme mi estupidez. Me pone arenas movedizas en el baño y se me
mete en los intestinos.
Yo sé que ella lo puede matar o ahuyentar
con su sonrisa de ensueño y su piel interminable. Pero no me rescata, está tan
distante. En otro planeta.
La diferencia es grande: yo no tengo quien me cuide.

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