Seattle está en la costa profunda del Pacífico norte, cerca del límite con Canadá. Digo profundo porque está metida en una gran bahía parecida al Seno de Reloncaví, donde está Puerto Montt.
No hace mucho frío aunque para mucha gente, si. Lo que pasa es que aunque parezca distinto, en este país, hace mucho calor. No es un país tropical, sin embargo las temperaturas en verano pueden llegar a ser altas en la mayoría de los lugares. Seattle -por eso estoy aquí- tiene fríos y calores moderados, en general. El invierno pasado, en enero de 2007, bajó a menos 7 y para muchos fue el fin del mundo. Escuelas, caminos y todo cerrado por un poquito de hielo. ¡Unos exagerados!
Acá hay varios argentinos, muchos son exiliados. Digo exiliados y no se vayan a imaginar que la triple A o los milicos no los dejan volver, no. Es que hay gente que se exilia por otros motivos yo creo.
Muchos usan la excusa de que en nuestros países no se puede vivir porque no se pueden comprar electrónicos y autos. Posesiones materiales que necesitás porque hacen que tu vida sea "mejor". Si tu país no te da la posibilidad de vivir en medio de todas esas posesiones, hay que irse.
Pero yo digo que no, que esas cosas son nada más que materia y a la larga... a la larga te lleva el diablo. Te posesiona y te arranca el alma. Porque dejaste de darle importancia a lo que tarde o temprano te das cuenta que necesitás tanto como el auto, la computadora o más, mucho más también. Y haberlo dejado atrás te convierte en otra cosa, una persona distinta a lo que eras, a lo que siempre creíste que sos. Como a ese monstruo –el Gollum- del Señor de los Anillos, que tuvo el anillo tanto tiempo y tanto disfrutó del poder que le dio, que se transformó en esa cosa tan distinta a lo que alguna vez fue. En un monstruo, justamente.
Claro que para muchos, esto es bien distinto. Para aquellos que vienen de hambrunas, violencias o miserias, esta vida es mucho mejor en varios aspectos. O los que realmente no se sentían bien donde estaban, donde crecieron, por varios motivos.
Los hay quienes tienen el desarrollo profesional, una carrera o una actividad que son pasiones que no pueden perseguir o desarrollar en sus propios países. O, están los que están muy enojados con su tierra y la gente que permitió que pasaran esas cosas horrorosas. Tanto a ellos mismos, como a su familia o amigos. Los que necesitan de servicios de salud especiales… y habrá más en la lista, claro.
Hay muchísimos (¿podré decir que “la mayoría”?) que se viene al llamado primer mundo para vivir esta vida de cierto lujo y relativamente fácil despreocupación. Los que no le interesa más que esta “buena vida”.Yo no hablo de todos ellos, ni siquiera hablo de nadie en particular a pesar claro que cada uno escribe desde su pequeño refugio ya sea si habla de si mismo o de otros. O de su entorno.
No se vayan a poner mal, yo hablo por mi, por lo que yo siento ahora, no por los demás, realmente. Cada uno sabe.
Si siento que no veo crecer a mi sobrina de cerca, que no estoy en los asados de los amigos o en los casamientos de las adolescentes que tan rápido crecen, o para el bautismo y los cumpleaños de mi ahijado, me pierdo una parte de la vida que es bastante importante. Y, más adelante, si mis hijos no hablan mi lengua o no les gusta ni les interesa la comida o la música con las que yo crecí. Y no es que esto esté mal, ya les habrá pasado a mis antepasados llegados de Europa en su momento.
Yo digo que se trata de que en algún punto del camino, voy a sentir todo eso que me falta. Que no es el auto ni el súper equipo de audio.
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