Mirá si un día que estas mirando cansada el atardecer sentada en la mesa del living de tu depto, justo cuando la vecina riega sus plantas, o lo que sea que hace ahí arriba, y el agua cae fea, oscura, horrible, por las rejas que llegan hasta el techo. Y vos, ves que primero se aparecen unos pelos colgando y después la cabeza toda de tu vecina de arriba para abajo. La mina se agarra de las rejas con las piernas y se va descolgando de a poquito hasta que le llega la cara al nivel del techo de tu balcón y te agarra justo ahí sentada mirando hacia fuera con cara de asombro.
Y te dice:
- Que bueno que te encuentro, nena. Perdoname por tirar tanta agua. Yo trato que no caiga tanta pero se me va, es el secador de porquería que tengo, me tengo que comprar otro. Otra cosa que te quería decir es que, yo no se, pero me parece que el muchacho ese que vive lejos es bueno y también es sincero. Disculpame que sea metida, ¿no? Pero yo te lo tenía que decir, ¿sabés querida?
Vos casi por desmayarte del susto y la sorpresa no atinás a decir nada de nada.
II
¿Y si vos vas caminando por la Avenida Centenario antes del laburo del registro ése y viene un perro callejero todo ¡puaj! por Márquez y se te acerca y vos lo vas a pasar por al lado y ves que el pibe tiene en la boca una foto nuestra? Si, vos y yo. Primero no la ves bien, pero en una fracción de segundo, te das cuenta que hay algo ahí muy raro.
El perro se queda parado, como esperándote y vos volvés ahí mismo la vista y lo ves. SI, efectivamente es una foto tuya conmigo sacada hace unos años atrás, en una “época-foto”, tuya. Te vas a trabajar, que se te hace medio tarde y no podés creer lo que acaba de pasar. Pensás en contarle a alguien pero preferís que no, no te vayan a creer loca. Me escribís un email a mí, que sabés bien que jamás te creería loca por algo así.
Bueno, no, ni por eso ni por nada.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario